jueves, 30 de enero de 2025

Huertas para creyentes





 No hay cosa más fácil que plantar ajos, muchos de los hombres mayores de campo plantan sus ajos en diciembre, pero yo como soy mujer y además cuento con mis ritmos y los del cambio climático los planto ahora, cuando puedo, y enero y febrero aún son buenos meses para plantar ajos, sobre todo si los siembras para tiernos, que a mi es lo que más me interesa.

Cuando vivía en lo urbano plantaba los ajos en macetas o mesas de cultivo que tenía de madera, son super agradecidos y siempre puedes tener a mano unos buenos ajos tiernos para darle ese sabor intenso a sopas, revueltos, gachasmigas, gazpachos...

A mi me gusta plantarlos en tandas, no todos a la vez, hoy he plantado 3 o 4 cabezas de ajos, dentro de 15 días plantaré más, así tenemos para ir utilizándolos en diferentes tiempos.

A principios de invierno aboné la tierra y dejé algunos espacios en barbecho, cuando se cultiva, sea lo que sea, creo importante recordar primero nutrir la tierra, porque “Nosotros no cultivamos plantas, cultivamos el suelo. Es el suelo el que cultiva las plantas.” como dice Objetivo Luz

 Las verduras que sembré en mi huerta hace más de dos meses, van despacio, silenciosas, así como es el invierno en el que florecen, silencioso, frio y calmo, siento sus ritmos, que son parecidos a los míos en esta estación. Los brócolis salen tímidos y viven lento y despacio, será que tantos años aprendiendo y enseñando esta filosofía se les ha pegado algo, jajajajaja.

Aunque hace fresquito todavía, la luz del sol va tomando día a día su retorno y los días tienen más armonía y luz, estamos saliendo poco a poco de la cueva...

Todavía la petirroja está aquí en Tierra Álmica, aunque he visto algunos gatos silvestres, (a los que he intentado ahuyentar, merodear por donde anida), ella sigue entre nosotros, y cada mañana la escucho, y por las tardes se deja ver cuando viene a comer, o enfrente posada en una rama. Una delicia poder contemplar este pequeño ser tan hermoso.

Veo la lentitud de mis brócolis y coles, y puedo ver también la confusión de los almendros vecinos que andan floreciendo a marcha exprés, el tiempo caluroso que nos hizo hace una semana les han trastocado un poco su reloj biológico, ya veremos la almendra que habrá este año si vienen más heladas...

Pero así es la naturaleza, imperfecta, como nosotros, como la misma humanidad que está aprendido a cuidar mejor de la vida. Nos hemos alejado mucho de la naturaleza y estamos pagando un precio muy alto.

Aunque cuando el individuo se identifica con la naturaleza y no vive de espaldas a ella, hay un beneficio mutuo, estar vinculado a esa belleza fortalece el espíritu y su espacio es una fuente inagotable de vida.

Cuanto echo de menos a la comunidad del Bosque Habitado!, la voz de María José Parejo y a tantas personas defensores de la vida y de los hábitats naturales, que colaboraban en el programa, defensión de lo sagrado en relación al ser humano. 



 




HUERTAS PARA CREYENTES
NO VER CRECER A LAS SEMILLAS ES CREER EN LA TIERRA

 

(Gustavo Duch)

jueves, 9 de enero de 2025

Terapia Presencial con Almendras



                                                 Terapia Presencial con Almendras










No sé si todos los que me leéis habéis probado las delicias de las almendras caseras, fritas o tostadas, (si ya se que lo más saludable es comerlas crudas, y si las activas antes con agua mejor) pues decir que las fritas son una delicia y creo que hoy en día, en la era de la rapidez, de la inmediatez, de lo cómodo, ya hay pocas personas que dediquen tiempo a partir, pelar (también se pueden hacer con piel), en tostar o freír almendras.

Pero lo cierto es que cuando las pones en la mesa, hechas de este modo, desaparecen en un plis.

Partir almendras era una actividad que a menudo hacíamos juntos mis padres y yo, recuerdo que nos sentábamos en las tardes soleadas, (en cualquier estación del año, pero sobre todo en invierno y primavera), con nuestras chaquetas abrigadas, fuera en el porche, al aire libre, en una mesa de piedra  que a mi padre le encantaba, nos sentábamos los tres, y dos partían y uno pelaba, Perli, la perrita de mi padre, que ahora es una abuelita y que vive todavía con nosotros, se sentaba a la espera que se cayera alguna almendra al suelo o le diéramos nosotros alguna, porque a ella le encantan las almendras, son como golosinas para ella y mi padre la mimaba demasiado. Eran hermosos ratos que guardo en mi recuerdo, a veces hablábamos, otras veces más en silencio, pero eran momentos donde compartíamos cada uno su energía, presencia, escucha y atención, donde era importante en ese momento sentarse y partir almendras, simplemente, nada más.

Cuando tuve hijos, ellos también se unían en muchas ocasiones, no es que estuviéramos partiendo almendras todos los días, jajajajjaja, no, pero si lo hacíamos de vez en cuando varias veces a lo largo de la temporada y era una actividad de unión.

En estas vacaciones de navidad, más de 20 días de vacaciones en los colegios e institutos, no se si convivís con alguna persona joven en casa, pero todos sabemos que nacieron en la era digital y creo que a la gran mayoría de ellos les gusta pasar ratos jugando o navegando en las pantallas, móviles, play station, tablet ect... , he de decir que mis hijos también, si que retrasé todo lo que pude que tuvieran móvil, los he educado en la importancia de autorregularse con las pantallas, y lo nocivas que pueden llegar a ser, pero por muchos limites que pongamos, las pantallas son adictivas y a veces es como luchar contra un gran gigante donde muchas veces pierdes la batalla, aunque tu lucha sea estratégica. Pero no me rindo, porque es un tema que me preocupa profundamente, y cada día sigo a la carga, para intentar que no utilicen su tiempo libre solo en videojuegos, o redes, porque ninguno de nosotros sabemos el daño que pueden hacer a la larga el uso indebido de las pantallas, por algo los gurús digitales como Steve Jobs, Tim Cook o Bill Gates, no les dejaron a sus hijos usar dispositivos con conexión a internet o redes sociales hasta los 14 o 16 años, además de las limitaciones que aún siguen teniendo en el ámbito hogareño para su uso. Bueno, pues como decía, más de 20 días de vacaciones, había que hacer algo con todo ese tiempo, y no solo existen las pantallas.

En mi casa siempre ha habido un saco con almendras, y como actividad alternativa a las pantallas le propuse a mi hijo adolescente, en estas vacaciones de navidad, hacer el trabajo juntos, no con mucho agrado al principio, pero aceptó, y estuvimos varios días partiendo y pelando almendras, escaldando las y secándolas para proceder luego a freírlas, todavía las tenemos fuera al sol, (en los días que hace), y en dos o tres días más nos tocará freírlas, porque en mi casa les reencantan fritas antes que tostadas y como no comemos todos los días del año almendras fritas lo permito y las disfrutamos así, cocinadas de esta forma.

No sé si entraña a un adolescente algún aprendizaje partir almendras, intuyo que si, porque solamente con entender el proceso y el trabajo que tienen las almendras que vemos en la mesa ya preparadas, y que se comen en un santiamén, puede ayudar a ser más consciente, y valorar el tiempo y esfuerzo que conlleva el resultado final que vemos en la mesa, por otra parte, darle importancia a los trabajos simples y sencillos, como partir almendras, cocinar galletas o bizcochos, hacer pan, cultivar la huerta, regar y cuidar las plantas y arboles... actividades que se hacen sin la compulsión del reloj en mano y que ofrecen el aprendizaje de conectar con otros ritmos, más calma.

Lo cierto, es que cuando compartimos esos ratos de almendras, nos escuchamos y dialogamos de muchas cosas y de forma relajada y armónica, y creo que eso ya es algo nutritivo para ambos.

Vivir en el campo es entrar a menudo en diferentes frecuencias, por supuesto sin idealizar lo que conlleva vivir en el campo, pero para mi personalmente tiene más riqueza que pérdida.

No sé si en alguna parte de la mente estas actividades servirán para ver la vida con más amplitud, a crear mayor bienestar y conexión con el presente y la vida, ojalá que sea así, y estas acciones, como por ejemplo partir almendras puedan ser disfrutadas por muchas generaciones de personas, dándole la importancia que merece.

Loli García, Surya.


“No creemos en la caja negra, esa idea de que metes algo en una máquina y sale un resultado sin que se comprenda lo que pasa dentro. Si haces un círculo perfecto con un ordenador, pierdes al ser humano tratando de lograr esa perfección. Lo que detona el aprendizaje es la emoción, y son los humanos los que producen esa emoción, no las máquinas. La creatividad es algo esencialmente humano. Si le pones una pantalla a un niño pequeño limitas sus habilidades motoras, su tendencia a expandirse, su capacidad de concentración. No hay muchas certezas en todo esto. Tendremos las respuestas en 15 años, cuando estos niños sean adultos. ¿Pero queremos asumir el riesgo?”, se pregunta Pierre Laurent, padre de tres hijos, ingeniero informático que trabajó en Microsoft, Intel y diversas startups.