martes, 17 de noviembre de 2020

La estrella

 



Dentro de ti habita un fuego 

que arde iluminando el mundo.

Canta una canción que tiene el nombre 

de todas las cosas que amas.

Tiene el sabor de la miel y las flores, 

y la consistencia de una roca firme.

Es tierra fértil, 

entrega generosa,

 abundancia manifiesta,

 ternura, amor y pasión.


Todas las personas portan el fuego de la estrella,

que alumbra el camino en la noche.

Sigue su senda, no temas, confía.

Te ha de llevar hasta un lugar hermoso

 en el que la horas de día se desvanezcan

y pierdas la sensación de ti mismo

porque serás Uno con todas las criaturas.


No temas: ese fuego te alimentará, te dará cobijo y

 sustento, te colmará de dicha y nutrirá tu espíritu.

 

Sigue el canto de las estrellas.

Haz lo que amas hacer.

Deja atrás toda tarea inútil 

y mantén encendido el fuego.

Entrégate al magnifico baile de la existencia.


(Texto e imagen de Israel Barranco)

lunes, 16 de noviembre de 2020

Abrazando y compartiendo el dolor, de Paloma Todd






Me encantó leer este texto sobre el dolor que escribió Paloma Todd, comparto este sentir.

 Muy en vibración con este bello escrito:

Hemos aprendido que nuestro dolor es un secreto que debemos guardar y como tal hace parte de la mitología del inconsciente. Es lo que pasa con todos los secretos

Para poder ser guardado, un secreto debe permanecer oculto. Esto implica agregar capas encima del secreto para evitar traicionarlo. Las adicciones suelen ser una gran estrategia de sobrevivencia para mantener enterrada, oculta la memoria. Es una estrategia que nos separa de lo que nos duele. Creamos distancia.

Pensamos que esto nos mantiene seguros: eso es lo que nuestra cultura nos enseña, es lo que en nuestras familias nos enseñan, pero en verdad nos separa de nuestra verdadera naturaleza, de nuestra esencia, de nuestra raíz, de nuestro conocimiento instintivo. Nos priva de saber usar la alquimia.  El gozo de ser, de expresarnos en libertad, en toda nuestra humanidad.

Sostener nuestros secretos crea grandes sombras, puntos ciegos en nuestros paisajes internos, nudos duros y apretados que bloquean la luz de nuestro sol, la luz de nuestro verdadero yo.  La luz de nuestra palabra. La luz de nuestra verdad.  La luz de nuestra voz. La voz de la luz que somos en el corazón de la sombra y del dolor.

Depende de nosotros, en nuestro camino individual, hacernos conscientes de nuestro dolor. Al hacerlo arrojamos luz sobre los secretos colectivos. De ahí que todo liderazgo que denuncia abusos merece nuestro respeto, ya que una voz libre, una voz soberana, es también una voz escuchada en su resonancia y en su poder. Por lo que nombra y -sobre todo- por el lugar desde en cual nombra lo que nombra.

Esta es nuestra voz . Encontrar ese lugar íntegro, sano, libre, y seguro, requiere sumergirnos en las aguas prenatales, en las aguas de nuestro linaje, en las aguas de nuestro nacimiento, las aguas de nuestra infancia. Las aguas del pasado.

Para vivir esto no hace falta aislarnos. Este proceso no tiene que ser vivido en secreto. Podemos dejar el dolor pasar, que se exprese, que fluya, ahora mismo, contando nuestras historias, compartiendo la verdad de nuestras experiencias -tan naturales, tan humanas- de dolor y de vida.

El agua nos inspira a que seamos portadores y portavoces de nuestras historias, las de nuestra biografía y linaje. Somos la voz del agua. Somos la voz de la memoria.

Contemos nuestra historia. Rescatemos las historias de nuestra tierra, de nuestra comunidad, de nuestros ancestros. Rescatemos su dolor, rescatemos su gozo, su amor.

Busquemos los mitos que reúnen a los niños, niñas, jóvenes, ancianos en círculo en torno al fuego, en torno al tambor, al árbol, a la mesa y los alimentos. En torno al agua. Narremos. Cantemos.

Recuperemos el poder de resonar la memoria viva en palabras arcanas que honran una cosmovisión humanitaria tan rica como diversa.   

Mitos compartidos para rescatar el hilo de la historia.

Narremos la tierra y nuestra pertenencia a ella. Y para narra la tierra nos tenemos que poder narrar a nosotr@s mism@s porque estamos hecho de lo mismo. Contar historias nos sana, nos une, nos teje, nos salva, nos hace reir, nos hace llorar, nos hace duelar, nos hace celebrar, nos hace encarnar juntos una misma voz.

Narrar es una tarea seria. Tan seria como saber que ahora mismo mueren hombres y mujeres por nombrar la verdad.

Estamos en medio de la amnesia occidental atrapados en las burbujas del privilegio tecnológico. En espacios asépticos, en vitrinas digitales. Detrás de los filtros y las pantallas, detrás de la censura y el miedo a nombrar, late viva nuestra verdad.

Mientras la tierra -la vida- queda cada vez más arrinconada, nuestra historia y nuestra voz es necesaria, está viva y es nuestra responsabilidad cuidarla.

Honremos el agua y la tierra de las palabras de pasado y llevemos el fuego al mañana, para que las futuras generaciones recuerden y honren el hilo de la vida. Aunque sean historias que abran las puertas del llanto, traen la voz del agua sanadora que nos reúne. 

El saber cómo llevar nuestra historia, el contar nuestra historia, el sentirnos sostenidos por nuestra historia no solo puede salvar nuestra propia vida sino que también alimenta la vida en otros. Ahí nos reconocemos en unión.  

Y si seguimos la voz del agua, el rio, el arroyo, la cascada,  si nombramos sus pasos bordeando la roca, la orilla, cruzando el valle y braceando senderos de vida hacia la mar, encontraremos el eco de las palabras agua, de la voz de nuestras lágrimas, de pena, de alegría, de gozo y verdad que nos habitan.

Encontraremos su recorrido en nuestra biografía, la de nuestro linaje, la de nuestra familia y la de la tierra que nos vio nacer.

Y cuando narramos también recordamos los cimientos de la piedra hueso que somos.

Honramos la voz de la cueva, la estalactita, el fósil, el árbol vegetal que somos, el animal salvaje indómito que somos, el mito vivo que somos.

Esta arqueología que nos habita puede estar dormida, fragmentada como casa devastada y olvidada, como templos violados, como exilios forzosos. Pero el poder de nuestra voz, -aliento hecho palabra, sonido que rompe los hechizos de un mal sueño-, despierta y levanta las ruinas de nuestra vida. Este es el poder que tiene narrar.

Vamos más allá de nuestro nacimiento. Ahí en la historia -memoria- de nuestra agua uterina, la sangre de nuestra madre -que gota a gota formó nuestro cuerpo, nuestro tejido, nuestros huesos- nos damos cuenta que nuestra vida es un rezo al agua.

Agua de nuestro padre que fecundó a nuestra madre con el poder del sol hecho semen, el poder del trueno, el poder del cosmos y las estrellas. Y nuestra madre, hecha tierra, acogió y moldeó el cuerpo que hoy se hace tambor de agua, resonancia de palabras que viajan en el tiempo. La memoria en la mitocondria de nuestra abuela, en las células de nuestros abuelos, tatarabuelas, hasta viajar más allá del tiempo imaginable y recordar que esa voz de agua, es la de la piedra. La voz de nuestros huesos.

Porque es adentro- y abajo profundo- que encontramos la fuerza original, el poder que necesitamos para rescatar la voz del olvido de capas de condicionamientos, códigos invasivos que la condenan al silencio.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Lo notable de salir de la invisibilidad


Y si, necesitamos ser vistxs, todxs queremos ser vistos, reconocidos, valoradxs, ni decir tiene que esto empieza dentro de cada unx, la valoración si no es interna no toma raíz en la sanación de nuestros caminos, y en ello andamos la mayoría aprendiendo a valorarnos y amarnos, reconstruyendo autoestimas, pero hay otra parte muy necesaria, que no es algo "malo" eso de querer ser vistxs, pues el sentirnos reconocidxs por lxs demás es algo que realmente necesitamos para sentirnos parte de esta tribu humana, porque intersomos, estamos interrelacionadxs, y cuando yo te reconozco a ti, te miro profundamente, en la desnudez, en la fuerza y en la vulnerabilidad, me reconozco a la vez a mi, estoy conectando con esa verdadera esencia que también está en mi y en todo lo que late, y esto me ayuda a no entrar en la separación y reconocernos en un espacio de horizontalidad y de amor.

Necesitamos ser vistxs y sostenidxs por el clan, la indiferencia de alguna forma nos destierra del sentido de pertenencia a esta humanidad.

Nuestra voz es necesaria que sea escuchada, reconocida, respetada, porque ese reconocimiento, esa mirada, nos hace florecer y nos ofrece fuerzas para seguir caminando y comprender que nada hay separado de mi, que el universo nos escucha, nos sostiene también a través de la otra, del otro.

Surya





lunes, 9 de noviembre de 2020

Compartiendo con seres sabios




    (Imagen extraída de la red)



Puedes venir a ofrecerle un masaje a mi tía? no puede salir, hace días que no anda porque se cayó un porrazo y le duele horrores la espalda!

Cuando fui esta mañana me encontré a una señora mayor con los ojos bien abiertos, sonriente y dispuesta... una mujer que habla francés desde sus años de juventud, donde trabajó, en Francia, como tantas personas españolas, una mujer tímida y sufridora, educada y despierta.

Cuando fui a levantarla de la silla de ruedas para tumbarla me dio un vuelco el corazón, la forma en como se incorporó, como daba sus pequeños pasos, su mirada... me puso en presencia de mi madre. Cuánto la echo de menos. Supe entonces que la relación que ese rato iba a tener con este ser iba a ser cercana y enriquecedora para ambas.


En la atención cuidadosa se empezaron despacio a tejer hilos dorados y serenos, y poco a poco el contacto iba deshaciendo las capas que ella tenía de barrera de protección, y empezó a surgir un invisible vínculo de amor, respeto y de escucha, de mirar con reverencia por la ventana de un alma descubriéndose y su largo camino recorrido, y humildad por poder ver un atisbo de su magia. Muy agradecida por ello.

-Con qué soñaba su corazón Antonia? 

-ayyy no sé, realmente nunca me paré a reflexionar mucho sobre esto, nací para trabajar y cuidar de mi casa y marido..., pero es cierto lo que hablas, no nos han enseñado a cuidar de nosotras, no me he cuidado ni he pensado en mi lo suficiente...

He sido una persona sin grandes pretensiones, porque nos educaban para salir adelante, trabajar, ganar alguna perrica y vivir...

Entre silencios y conversaciones cada vez vibraba más la entrega y el bienestar, un hermoso juego de profundidad se iba creando de forma sutil y libre.


 Que importante es aprender a valorar la sabiduría de nuestros hermanxs mayores, tienen tanto que ofrecer! y aportar a la sociedad, desde su experiencia, conocimiento y bagaje, aportar los frutos del cultivo de su tierra a la vida.

En cada contacto sentí que también masajeaba a mi madre, y a todas las madres del mundo, a todo el amor incondicional con el que ellas han impregnado e impregnan el sendero, sentí que acariciaba con profundo respeto a todos los ancianos corazones que necesitan ternura, escucha, presencia y sonrisa.

Durante todo el día tuve el revoleteo de este encuentro en mi mente y corazón.

Surya


"Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena"

(Ingrid Bergman)


domingo, 8 de noviembre de 2020

Celebrándome





 7 de Noviembre, día en que celebro mi revolución solar, siempre me han encantado los cumpleaños, el mío y los de todas las personas, son de los días, junto con el día de reyes por su magia e inocencia, que más me gusta tener en cuenta para mi y para lxs demás, celebrar la vida con alegría siempre, pero ese día con más recordatorio de lo efímera que es esta existencia y la importancia de jugar en ella.

Hoy me levanté temprano y decidí ir a ver el Jardín Botánico de Albacete para celebrar el día de mi cumpleaños, para celebrarme 😉. Y la verdad que ha sido una delicia caminar por allí, mucha diversidad y mucha belleza, un hermoso mundo álmico verde de plantas y árboles. Me he sentido arropada en cada paseo que disfrutaba, por estos grandes seres. Volveré otro día ya que como me gusta saborear todo con calma, mis paseos y curiosidad se ralentizaban con frecuencia en la mañana, y no he podido verlo todo, merece la presencia visitarlo y deambular entre tantos tesoros vegetales.




Aquello de las 14 h me vine para Almansa a comer con los dos almas con las que comparto gran parte de mi tiempo y a los que amo y guio, mis hijos, Iris y Nando, la comida agradable y disfrutona.

Por la tarde vinieron a casa unas amigas del alma, no son muchas, tres, pero con las que comparto mis alegrías y mis llantos, seres a los que siento familia álmica y con las que trafico amor y risas, silencios y abrazos, diálogos y aprendizajes. 

Me siento agradecida por compartir mi tiempo con personas que amo, me aman, valoran y respetan profundamente, agradecida por todas las personas que se han acordado de mi y de alguna forma también han estado cerca, haya sido con una llamada de tf, con un WhatsApp o mensaje.

El día ha sido intenso, de no parar, pero bonito, cada vez más aprendo a cuidarme, valorar y amar quien soy en este camino de vida, disfrutar y disfrutarme, aún con pequeñas espinas que me asaltan sin aviso en la nostalgia...

Mañana saldremos con la Red Integral a recolectar bellotas, me voy para la camita a descansar, a viajar esta noche, pido que sea un viaje lúcido, abierta a los mensajes que necesite saber y comprender.

Surya






"Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago… e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
par ver cómo crece la hierba del estío"
Walt Whitman