martes, 27 de octubre de 2020

En mis clases hay mucha riqueza, que agradecida me siento por tal regalo!!

 

Cuanto nos muestra el amor, la ternura, la bondad y la sencillez.




Llevo unos años impartiendo clases en la Universidad Popular de Montealegre, un pueblo que está a unos 23 km de donde vivo, Almansa, a menudo he tenido que adaptar las prácticas al grupo por su diversidad, personas mayores, adolescentes, jóvenes y adultos todos en un mismo círculo, (que en realidad a mi me encanta esta diversidad porque enriquece nuestro compartir y el conocimiento desde diferentes esferas, miradas, y criterios...)

El primer año que comenzamos con las clases de yoga y mindfulness, empezó a asistir una chica joven con su hermana algo más mayor que ella, esta chica se quedó embarazada a mitad de curso y quiso seguir las prácticas, por supuesto adaptadas a su nueva condición. 

Nació su bello bebé, una preciosa niña inquieta y despierta, un amor de Ser que empezó también a venir a las clases con su mamá al poco de nacer, menudo regalo para mi y para el grupo, ver ese hermoso vínculo y esa forma de conciliar su espacio de bienestar con su bebé, cada vez que Reyes, (así se llama este sonriente bombón rubio) se sentía un poco inquieta la mamá detenía su práctica y la amamantaba, la acunaba, la abrazaba, una gozada verlas en esa fusión maternal de sostén y cuidados.

Al tercer año volvieron a clase, la mamá de Reyes de nuevo embarazada por segunda vez, también venía con Reyes y también comenzaron a asistir a las clases el marido y los hijos de la hermana, o sea la tía, el tío y los primos de Reyes. Ha sido una alegría tener en las clases a este lindo clan, se situaban en un espacio de la clase todxs juntxs, la mamá de Reyes, Reyes, su tía (la hermana de su madre) su tío y primos, todxs cerca unxs de otrxs, y no os podéis imaginar lo que disfruto, al día de hoy, observando a este clan especial en la clase, sus formas silenciosas y amorosas de estar y ser en tribu.

Este curso, tan peculiar a nivel social y planetario, vuelvo de nuevo a impartir clases en Montealegre, voy ya por el cuarto año impartiendo clases allí, y de nuevo vuelven a venir todo el clan con la añadidura de un nuevo integrante, Alonso, otra preciosa alma recién venida a este mundo, el hermanito de Reyes, una maravilla compartir la energía de la clase con un bebe, almas puras y cristalinas que vienen a expandir conciencia y amor en esta etapa cósmica.

Ayer me deleitaba viendo a Yago, primo de Alonso, sosteniéndolo en brazos y acunando para ofrecerle espacio a su tía para que hiciera su práctica más liberada, fue un ratito pequeño, pero me pareció un gesto tan, tan hermoso... este adolescente regando las semillas de la ternura, de la sensibilidad, de lo sutil, de la ofrenda, del regazo, que ojalá nunca las pierda cuando sea más mayor y sea perteneciente de la integridad de su fuerza y de su sensibilidad, sin necesidad de protegerse de portar esta capacidad y expresión de amar.

Que regalos encuentro con frecuencia en las clases, puedo contemplar la energía de la tribu, de la ayuda y la cooperación, la energía del vínculo, del sostén, del regazo, de la cercanía, la sencillez, la unión, la bondad, la confianza, el respeto y la admiración al amor que todxs somos.

Que agradecida me siento por presenciar estos instantes de conexión con esas semillas estelares que hay también en la tierra en forma humana.


Hemos venido a disfrutarnos, a compartirnos, a aprender a amarnos y a amar, y la vida nos ofrece en todo momento contextos, personas o circunstancias para despertar y desarrollar estas capacidades/semillas y sembrarlas para el mundo.

Surya


💗

sábado, 24 de octubre de 2020

La Mujer "Demasiado"

 




Honrando mi naturaleza salvaje, mi corazón salvaje, esa naturaleza profunda que contiene todas las semillas de sabiduría, todas las medicinas para caminar en esta existencia, para no olvidar el amor hacia el tierno latido de la vida y sus formas.

Gracias Raquel Caballero, gracias Círculo de Poderío por compartirlo 💗


LA MUJER "DEMASIADO"

Ahí está ella... La mujer "demasiado".

La que ama demasiado, siente demasiado profundamente, pregunta demasiado a menudo, desea demasiado.

Allí está ocupando demasiado espacio, con su risa, con sus ´curvas, con su honestidad, con su sexualidad.

Su presencia es tan alta como un árbol, tan ancha como una montaña. Su energía ocupa todas las grietas de la habitación. Demasiado espacio es el que ella misma toma.

Allí está ella causando un alboroto con su persistente deseo, demasiado deseo.

Ella desea mucho, quiere todo: demasiada felicidad, demasiado tiempo a solas, demasiado placer.

Ella atravesará el azufre, el rio turbio y el fuego del infierno para conseguirlo.

Arriesgará todo para sofocar los anhelos de su corazón y cuerpo. Esto la hace peligrosa.

Ella es peligrosa.

Y ahí va, esa mujer "demasiado", que hace que la gente piense demasiado, se sienta demasiado, se desmaye demasiado.

Ella con su prosa auténtica y una seguridad en si misma en la forma en que se porta. Ella con su vientre que se ríe y su insaciable apetito y su inclinación hacia la pasión ardiente. Todos los ojos en ella, pensando que es una chingona.

Oh, esa mujer "demasiado"... demasiado ruidosa, demasiado vibrante, demasiado honesta, demasiado emocional, demasiado inteligente, demasiado intensa, demasiado difícil, demasiado sensible, demasiado salvaje, demasiado intimidante, demasiado exitosa, demasiado gorda, demasiado fuerte, demasiado política, demasiado alegre, demasiado necesitado -demasiado.

Ella debería calmarse un poco, bajarle un poco a su intensidad.

Alguien debería ponerla de regreso en un lugar más respetable.

Alguien debería decirle.

Aquí estoy... La Mujer Demasiado, con mi corazón demasiado tierno y mis emociones demasiadas.

Hedonista, feminista, buscadora de placer, empática.

Quiero mucho: mucha justicia, mucha sinceridad, mucho espacio amplio, mucha tranquilidad, mucha intimidad, mucha actualización, mucho respeto, ser vista, ser entendida, tu atención indivisa y que todas, todas tus promesas se cumplan.

Me llamaron mujer de alto mantenimiento porque quiero lo que quiero e intimidante por el espacio que ocupo.

Me han llamado egoísta porque soy amorosa. Me han llamado bruja porque sé como curarme.

Debo hacerlo.

Nosotras las Mujeres Demasiado hemos estado enfrentándonos al exterminio durante siglos; le tenemos mucho miedo a ella, nos aterroriza su gran presencia, a la forma en que la Mujer Demasiado impone respeto y ejerce la verdad de sus sentimientos. Hemos estado tratando de sofocar a la Mujer Demasiado por iones- en nuestras hermanas, en nuestras esposas, en nuestras hijas. E incluso ahora, incluso hoy, avergonzamos a la Mujer Demasiado por su grandeza, por su deseo, por su naturaleza apasionada.

Y aún así... ella prospera.

En mi propio mundo y ante mis propios ojos, estoy presenciando la recuperación y el ascenso de la Mujer Demasiado. Esa Mujer Demasiado también es conocida por algunos como Mujer Salvaje o Divina Femenina. En cualquier caso, ella es yo, ella eres tú, y le encanta que finalmente tener la oportunidad de salir por un poco de aire.

Si alguna vez te han llamado "demasiado" o "demasiado emocional", o "malhumorada" o "engreída", es probable que seas una Mujer Demasiado.

Y si lo eres... Te imploro que aceptes todo lo que eres, toda tu profundidad, toda tu inmensidad, para no retenerte, y nunca abandonarte a ti misma, a tu grandeza, a tu resplandor.

Olvida todo lo que has escuchado, tu Mujer Demasiado es un regalo, oh si, uno que puede sanar, incitar, liberar y llegar directamente al corazón de las cosas.

No tengas miedo de ese regalo,  y no permitas que nadie te aleje de él. Tu exceso es magia, es medicina. Puede cambiar el mundo.

Así que por favor, Mujer Demasiado: pregunta. Busca,. Desea. Expándete. Muévete. Siente. Sé.

Haz tus olas, aviva tus llamas, da escalofríos

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Ev´yan Whitney


miércoles, 14 de octubre de 2020

Estoy viva y he venido a jugar




(Imagen propia, un cuadro que disfruté mucho hace poco pintándomelo, recordando...)



                                                                    

 Llegó Octubre y de nuevo comencé a impartir los cursos de yoga y mindfulness en las universidades populares a diversos grupos de personas, este año con la peculiaridad del nuevo protocolo covid-19.

Llevamos ya un par de semanas de inicio del curso y ya se ha presentado una enorme caja de miedos que ha venido gestándose meses atrás en una conciencia colectiva anestesiada a la coherencia y al sentido común.

Desde cultura me envían el protocolo que han adoptado en todos los cursos: lavar a la llegada manos con gel hidro alcohólico y a la salida, desinfectar el material de la sala que se utilice, como los tacos, traer y llevar cada unx su propio material, colchoneta, zafu de meditación, cinta, mantita...vestuarios cerrados, y mas cuestiones para no aglomerar a las personas, el ratio por clase este año es de 8 personas y con la distancia de seguridad más que proporcionada, llegamos con mascarilla puesta, nos sentamos en la sala con mascarilla puesta, y según las coordinadoras de la UP el monitor o monitora deciden cuando quitarse la mascarilla en algún momento de la práctica. Pues señorxs, yo decido desde el comienzo quitarnos la mascarilla, me parece contraproducente que si venimos a yoga, donde una de las herramientas más importantes es la respiración, respiremos con mascarilla puesta tan alegremente, no, lo siento, no lo concibo, casi es preferible que estas personas se queden en su casa y hagan el yoga en su casa, sin mascarilla, se pongan uno de los tantos tutoriales de yoga que existen en el mundo y disfruten de su respiración y movimiento libremente, sería mucho más sanador que estar respirando un aire viciado en todo momento.

Me acusan de imprudente porque alguien les comunicó a casa de cultura que hago las prácticas sin mascarilla, y todxs lxs demás profesores de cultura si la llevan, me ponen el grito en el cielo y me presionan para que promueva el uso obligatorio de la mascarilla, primero en mi como ejemplo, y seguidamente para el resto de alumnxs, algo que no estoy haciendo porque va en contra de lo que siento.

 

Al inicio de las clases intenté generar un espacio para el diálogo, para que cada persona compartiera como se sentía frente a la situación actual y que pensaba sobre el tema de la mascarilla en clase, yo tenia muy caro que es lo que yo quería hacer y sentía hacer, pero en un grupo hay que contar con todas las diferentes sensibilidades que hay en él y construir juntxs para un mayor bien del círculo, sin imponer, desde la escucha, desde la presencia, desde la diversidad, para crear mejor cohesión grupal.

Casi todas las personas expresaron, que, aunque les inquietaba todo lo que estamos viviendo en esta etapa de vida, querían hacer la practica sin mascarilla, había muy poquitas personas que preferían llevarla y respetaban que lxs demás no se la pusieran. Así que despegamos haciendo las prácticas sin la mascarilla.


A los pocos días, me llamaron de cultura que tenía que hacer las prácticas con mascarilla, si o si, obligatoriamente, no salía de mi asombro, así que intenté no entrar en la rabia y el enfado, porque la primera impresión fue de mandar todo al carajo, me niego a impartir las clases con mascarilla, aunque todxs lxs demás profes lo hagan, pero entonces recordé una frase que tengo colgada en mi casa, un cuadro que hace poco creé y disfruté mucho pintándolo; "Estoy viva y he venido a jugar".

Así que intenté jugar al juego de la imposición y al juego de la mascarilla, intentando ser fiel a mis principios y al sentir del grupo. Y aquí ando intentando ver el conflicto como una tensión evolutiva, muy apasionante esto, en los tiempos que vivimos, la verdad!

Reflexionando en casa, y también dialogando todxs, aún seguimos buscando o creando nuevas formas donde poder estar y practicar libremente y que todo el mundo se sienta a gusto y que nos permitan realizar la práctica de las clases sin problemas.

Una de las vertientes es practicar con la mascarilla por debajo de la nariz, pudiendo respirar abiertamente por nariz, tapando la boca solamente, y al final de la práctica, en la relajación, quitársela completamente quien quiera hacerlo.

Otra es confeccionar un escrito y que cada persona firme a nivel individual si quiere o no estar sin la mascarilla haciendo la práctica de yoga y mindfulness, que no es invención mía, que cada unx se hace responsable de su decisión, (que en realidad es a lo que temen las instituciones a que les culpen de algo, ayyy, eso de la culpa la tenemos todavía en nuestras memorias más antiguas), en fin, que se haga un escrito como que el grupo pide hacer la práctica sin la mascarilla bajo su responsabilidad, y entregarla a la administración para que se pueda proceder en las clases según el usuario solicita.

Hay una frase de Raquel Wassabi, que me viene mucho en estos momentos y que así lo siento yo también en mi corazón salvaje:



Intento ver el miedo que hay ahí afuera, como parte de un mismo todo, como parte de un aprendizaje grupal y como una riqueza de esta convulsa energía cuando excede brutalmente su poder, porque así se llega a un lugar donde no hay otra escapatoria que liberarnos de él para poder vivir de verdad.

Declarémonos irremediablemente valientes, vivamos desde la libertad, para vivir plenamente en conexión con la vida, apoyándonos, creando espacios de sostén, de abrigo, de escucha, de construcción grupal, donde impere el sentido común y la claridad, que miremos al miedo a los ojos y también aprendamos a sonreírle.

Creo que voy a intentar jugar a el juego de la mascarilla lo mejor que sepa, aprendiendo de ello.

 Las reglas están hechas para cumplirlas y el corazón para saltarlas si esas reglas están en distorsión a lo que verdaderamente sientes que tienes que hacer.

...Veremos en que queda todo esto, sea para el bien de todxs y de la vida! 

Surya