domingo, 6 de julio de 2025

NUESTRA COSECHA DE ALBARICOQUES

 NUESTRA COSECHA DE ALBARICOQUES


 



Nuestra cosecha de albaricoques no es abundante en cantidad, pero si en sonrisa y gratitud.

Cuando mi madre enfermó mi padre no invertía ya tanto tiempo en cuidar de sus árboles, apenas sembraba nada en su huerta, su energía andaba en otras cosas que le generaba dolor y sufrimiento, y su "tierra" andaba algo más descuidada.

Al fallecer mi madre, mi padre rápidamente enfermó y al año murió también, fueron muy duras las dos pérdidas tan seguidas para mi, pero en la vida no hay seguridad o suelo bajo los pies como dice Pema Chodron, siempre ha sido así, aunque nos engañemos con que tenemos el control de todo, no es cierto, y la vida ya se encarga de sacudirnos esa idea de control. Lo único que nos queda es rendirnos a ella y confiar.

Pasaron unos dos años sin que nadie fuéramos a hacernos cargo de todos los arboles que mi padre plantó a lo largo de su vida, regábamos alguna vez, pero no fue suficiente para poder salvarlos de plagas por la debilidad que alcanzaron al no estar bien cuidados.

Cuando vinimos a vivir a Tierra Álmica, aquí, donde él plantó árboles y mi abuelo oliveras, la mayoría de los frutales que había, estaban muertos, un cerezo que era la joya de la corona le entró barrenilla y acabó con él, un nogal hermosísimo también, y la parra viejísima que tenia la pudimos salvar, aunque también le entró el mildiu, la pudimos salvar tratándola, así podría nombrar muchos árboles que en esos dos años que no se cuidaron y que fueron veranos muy muy duros de sequía murieron también.

Mi padre tenia la costumbre de guardar y usar muchos hierros para construir cosas, y para darle fuerza a otras, y otras tantas ni siquiera supimos para que servían, pero había en el terreno una cantidad enorme de hierros;  paredes como celosías gruesas de hierro, puntales viejos y ya inservibles, hierros de todos los tamaños y grosores... etc.

Ya después de fallecer él, cuando comenzamos a limpiar y ordenar el huerto, quitamos muchísimas cosas de hierro, ni os imagináis cuanto hierro quitamos... fuimos a un chatarrero que nos recomendaron a llevar esos hierros, con el dinero que nos dieron por ellos al dejarlos en el chatarrero, en aquel mismo momento fuimos al vivero y compramos nuevos árboles.

Compramos dos cerezos, un manzano, un peral, cuatro almendros y un albaricoquero de tamaño más bien pequeños todos.

Este año es la primera cosecha que ha dado el albaricoquero, después de casi dos años plantado, y no dejo de pensar en el interser que Thay nos recuerda, Inter-somos unos con otros y con toda la vida.

Con el dinero que sacamos de esos hierros que eran de mi padre, pudimos comprar de nuevos árboles para reemplazar los que habían muerto en esos dos años.

Cuando estábamos haciendo los hoyos para ponerlos pensaba en esto y me parecía maravilloso, que mi padre pagara los nuevos árboles, yo creo que el dinero es energía también y él seguía poniendo su energía aquí, ofreciéndola a la vida, aunque ya había partido de este mundo, es asombroso sentir que todo de alguna manera está conectado en esta mundo.

Así que, aunque sea un puñado solo de albaricoques los que hemos cosechado, son los mejores albaricoques que he comido, y no sólo por lo que hay impregnado en esta Tierra, también por su sabor y ecológicos que son.


Cuando contamos historias, en realidad contamos algo mucho más noble: la historia de momentos, lugares, personas... que se entrelazan en el recuerdo de algo que fue especial para nosotros y que aun sigue siéndolo y que a menudo nutre nuestros silencios internos.

Surya