Puedes venir a ofrecerle un masaje a mi tía? no puede salir, hace días que no anda porque se cayó un porrazo y le duele horrores la espalda!
Cuando fui esta mañana me encontré a una señora mayor con los ojos bien abiertos, sonriente y dispuesta... una mujer que habla francés desde sus años de juventud, donde trabajó, en Francia, como tantas personas españolas, una mujer tímida y sufridora, educada y despierta.
Cuando fui a levantarla de la silla de ruedas para tumbarla me dio un vuelco el corazón, la forma en como se incorporó, como daba sus pequeños pasos, su mirada... me puso en presencia de mi madre. Cuánto la echo de menos. Supe entonces que la relación que ese rato iba a tener con este ser iba a ser cercana y enriquecedora para ambas.
En la atención cuidadosa se empezaron despacio a tejer hilos dorados y serenos, y poco a poco el contacto iba deshaciendo las capas que ella tenía de barrera de protección, y empezó a surgir un invisible vínculo de amor, respeto y de escucha, de mirar con reverencia por la ventana de un alma descubriéndose y su largo camino recorrido, y humildad por poder ver un atisbo de su magia. Muy agradecida por ello.
-Con qué soñaba su corazón Antonia?
-ayyy no sé, realmente nunca me paré a reflexionar mucho sobre esto, nací para trabajar y cuidar de mi casa y marido..., pero es cierto lo que hablas, no nos han enseñado a cuidar de nosotras, no me he cuidado ni he pensado en mi lo suficiente...
He sido una persona sin grandes pretensiones, porque nos educaban para salir adelante, trabajar, ganar alguna perrica y vivir...
Entre silencios y conversaciones cada vez vibraba más la entrega y el bienestar, un hermoso juego de profundidad se iba creando de forma sutil y libre.
Que importante es aprender a valorar la sabiduría de nuestros hermanxs mayores, tienen tanto que ofrecer! y aportar a la sociedad, desde su experiencia, conocimiento y bagaje, aportar los frutos del cultivo de su tierra a la vida.
En cada contacto sentí que también masajeaba a mi madre, y a todas las madres del mundo, a todo el amor incondicional con el que ellas han impregnado e impregnan el sendero, sentí que acariciaba con profundo respeto a todos los ancianos corazones que necesitan ternura, escucha, presencia y sonrisa.
Durante todo el día tuve el revoleteo de este encuentro en mi mente y corazón.
Surya
"Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena"
(Ingrid Bergman)
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