lunes, 14 de septiembre de 2020

Explora, sueña, descubre





"Se feliz en honor a ella" esta fue una frase que una amiga del alma me dijo hace poco, y desde entonces ha resonado dentro como un mantra, y es cierto, así lo siento yo también, que la mejor manera de honrar a lxs que ya no están con nosotrxs, sobre todo a quién nos recibió a la vida con alegría, su mejor sonrisa, y su entrega desinteresada e incondicional, es ser felices, esto es lo que ellxs querrían para nosotrxs, y bueno, ahí ando, intentándolo...

Necesitaba hacer un viaje conmigo misma, sola, aunque nunca voy sola, porque siento que me acompañan energías sutiles y de amor que me muestran como cuidarme y me cuidan, así que vaya donde vaya estoy en paz porque siento que soy querida y cuidada por el universo entero, y confío, aunque a veces me asalten las dudas o el miedo.

Desde hace tiempo tengo como una llamada hacia la ciudad de Toledo, hace 18 años estuve allí haciendo un curso que organizaba la junta de comunidades de Castilla la Mancha sobre la salud vertebral, que en realidad fue un maravilloso curso, pero fue tan intensivo que no me dejó espacio para ver la ciudad, y como me quedaban unos días todavía de vacaciones quise invertir en mi y esta ciudad de nuevo. Supe que me sentaría bien salir unos días fuera en mi propia compañía.

Decidí irme entre semana pensando que en Septiembre, empezando el curso escolar y la vida más o menos "normalizada" las visitas a las ciudades estarían menos masificadas, así que emprendí el viaje con mi cochecico y llegué a Toledo, me instalé en todo el centro del casco antiguo y allí pasé unos días disfrutandome y disfrutando de todo.

 Me encanta viajar, con constancia salgo a la naturaleza, que voy a decir, soy como una especie de adicta al medio natural, necesito de ese contacto con los elementos, con la tierra, con las montañas, con los árboles y las plantas, con los pájaros y la vida salvaje, pero de vez en cuando también hago viajes más culturales, y también lo disfruto un montón, viajar es salir de tu espacio diario, de tus costumbres, del tiempo que dedicas a pensar y recordar, es aprender a mirar desde la inocencia lo desconocido,  es la capacidad de sorprenderte con la belleza inesperada, a veces no hace falta salir demasiado lejos para respirar otras memorias, en este caso las de la cultura de una ciudad donde convivieron judixs, musulmanes y cristianxs.

Cada día salia a recorrer las calles del barrio judío, me gustaba salir sin el mapa, a perderme entre esas callejuelas, subiendo y bajando constantemente como proclama la cartografía de esta encantadora ciudad, cuando daba con un edificio pintoresco era cuando sacaba el mapa y me situaba, para descubrir que era lo que tenia ante mis ojos y así permitía que los espacios me encontrasen a mi y no al revés. Era como un bonito juego.




El  primer contacto que tuve al llegar a la ciudad fue con la catedral, entré en ella haciendo un pequeño recorrido ya que en realidad me interesaba más ver el edificio por el exterior que por el interior, me resultan tan recargadas y con una pesada energía en su interior que me cuesta mantener la atención y la sonrisa juntas cuando deambulo por tales corredores de capillas, coros y retablos, si que me cautivan mucho las vidrieras, por su geometría y la luz que se filtra en ellas, vidrieras medievales que se conservan con toda su esplendor, los claustros también me suelen gustar, aunque los frescos que a menudo exponen cerca en los pasillos suelen ser para mi demasiado sombríos, escenas de santos casi siempre, oscuros y tristes, me suelo fijar más en la vegetación que hay alrededor que en otra cosa 😉

Como icono emblemático de Toledo es el Alcázar, el edificio es muy señorial y una preciosidad, me encantó el interior del Alcázar, no por el museo del ejército, que me pareció denso y aburrido, sino por el yacimiento arqueológico que hay, los restos que aún permanecen del reinado romano-visigodo, que te hacen imaginar y recrear unas vidas que en algún tiempo existieron.



Pero en realidad donde mejor me sentía era en las sinagogas y las mezquitas, me rencantó la sinagoga de Santa María la Blanca, la sinagoga del Tránsito y el museo sefardí, es una gozada que haya ahora tan poquitos turistas, porque pude saborear una meditación en varios lugares en esa corriente mística que late de la historia que aún puedo escuchar y sentir.
No reniego de mis raíces judeocristianas, pero he de decir que me cautivan mucho más las corrientes judías y musulmanas. Hay un vínculo, quizás ancestral en mi, que todavía comprendo bien, pero cuando estoy en estos espacios me siento como en casa.

Cada día salia por las mañanas y tardes y me dejaba fluir, lo mismo me sentaba en una plaza escuchando el regalo de saborear a una persona que se ponía a tocar el cello y me quedaba sólo observando, disfrutando de la música y del contexto que la envolvía, (gente deprisa de un lado para otro y sin parar ni unos segundos a poner presencia a quien ofrecía melodías a la vida, me parecía de locos, mare, si es una delicia la música y el arte al aire libre!) que hacia una meditación en un espacio sagrado, como en una sinagoga, o me deleitaba a la sombra de un árbol en los jardines que acompañaban ciertos museos, o era testigo del atardecer en los rededores del puente San Martín....






A la derecha La Sinagoga de Santa María La Blanca, a la izquierda también, y en el centro La Sinagoga del Tránsito




Resaltar que mis visitas al río Tajo, también eran frecuentes, es una pena que el tesoro fluvial que abraza la ciudad no lo tengan bien cuidado, ya que se intuye que los vertidos que vienen de la gran capital española son la tónica general por la suciedad que se ve en el agua, aún así había bastante avifauna y muchos peces. Por las mañanas era un goce y sosiego hacer la práctica de yoga y meditación allí, en el silencio del río.




Como broche final del viaje, me iba a volver a casa el viernes en la mañana ya que por la tarde impartía una clase que llevo haciéndola todo el verano, al aire libre, en la naturaleza, pero el universo me envió un regalito más, Ana Alcaide justo publicó un día antes del que me iba a marchar, que tocaba al lado de la catedral el viernes, así que sin pensármelo dos veces, avisé al grupo para cambiar la práctica a el domingo por la mañana, menos mal que lxs alumnxs son unxs amores y comprensivxs y no les importó ese cambio excepcional, y me quedé una noche más para poder gozar de la música de Alcaide, justo al lado casi de donde me hospedaba, un lujazo la verdad, al aire libre, y en un entorno bellísimo. Llevaba mucho tiempo que quería verla tocar por las calles de Toledo, y mira por donde se cumplió este pequeño sueño💗




Lo bueno de viajar sola es que los consensos para cualquier cosa son fáciles, y te puedes permitir los ritmos como los necesites en cada momento, pero la verdad es que también me encanta viajar acompañada, compartiendo, pero bueno, de momento no es posible y me he propuesto viajar siempre que pueda, sola o acompañada, es algo que me enriquece y me ayuda a comprender mejor el mundo y a mi misma, este verano me iba a ir a Menorca a caminar por el Camí de Cavalls, tengo muchas ganas de conocer la isla y no pudo ser por circunstancias mayores, pero me conformo con este pequeño y hermoso viaje que he hecho a Toledo, porque ha sido un viaje impregnado de serenidad, calma, alegría, silencio, presencia, gozo y poniéndome en valor.
Gratitud profunda siento 🙏

Surya






Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos
es intentar volar
volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano
es conocer otra gente
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte,
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal,
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar.

(Gabriel García Márquez)

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