Guíame de la muerte a la vida, de la falsedad a la verdad. Llévame de la desesperación a la esperanza, del temor a la confianza. Llévame del odio al amor, de la guerra a la paz. Deja que la paz llene nuestro corazón, nuestro mundo, nuestro universo. – Satish Kumar
Tengo una huerta en mi patio que me salva de las inercias tóxicas del abandono, de la nostalgia, de la emoción indomable, de la ausencia, de las máscaras que mi mente quiere buscar para despistar a mi corazón.
Tengo una huerta que me susurra lo que es la simplicidad de la vida en un brote de flor, sus canciones son de amor, de ese del bueno, que es entrega y confianza, alegría y cuidado, porque si, yo no soy realmente quien la cuida, es más, ella a mi, o quizás es un acuerdo que ambas hacemos...
Los seres que viven en ella pertenecen a mi mismo universo y latido, puedo sentir una danza silenciosa hablando un hermoso lenguaje que muchos humanos no logran comprender porque rechazan aquello que no entienden con la razón sin darse cuenta que la última puerta por la que encontraran la salida tiene ese color y sabor, esa trasparencia insondable que vibra en las dimensiones inocentes de la sencillez, puertas sagradas de la vida que nos vinculan a la belleza del momento presente.
Todo el mundo que vive en mi huerta es interser conmigo y yo soy interser con ellxs, nos necesitamos, como dice mi querido Thay, "no puedes ser por ti mismo, tienes que interser con todas las demás cosas, realmente somos una colección de seres que se perciben bajo un nodo central: el foco de la conciencia. Una conciencia que quizás pueda crecer y aprender a percibirse como el universo".
En mi huerta viven brócolis, coliflores, lechugas, zanahorias, caléndulas, cebollas, zinnias, brotes de encinas, un frambueso, lirios, una aliaguilla (que amo especialmente porque es herencia de mi abuela, me dió un tallo cuando todavía vivía, recuerdo exactamente aquella tarde, el espacio de su jardín...) aloes vera, equináceas, cactus, tulipanes, jacintos, kalanchoes, una salvia roja, perejil, lechugas, cosmos, prímulas, puerros, artemisa, rudas, tomillos, orégano, canónigos, fresas, melisa, ajos tiernos y muy pronto patatas... en experimento de saco, que mañana todavía en menguante plantaré, y lufas que ya estoy germinando. En breve empezaré con los semilleros de berenjena blanca, tomates (de los de colgar y cherry, que quiero poner sólo este año), alguna albahaca, en la tierra calabacines y pepinos o combros, ya veremos que me maquino para apañar las matas de todas las cucurbitáceas...
Y todos crecen sanitos, sin venenos, se nutren de la buena tierra, del compost, del humus, de la luz, del sol, del aire, del agua y del cariño de quien aprende a cuidar y a defender la vida.
Además habitan en la huerta cientos de lombrices que viven en la vermicompostera y otras cuantas junto a más bichitos, cochinillas, pequeña fauna auxiliar y beneficiosa que viven en la compostera grande, todo un lujo contar con estos seres extraordinarios.
Mi huerta es un lugar de sanación, de silencio, de meditación, de calma y sonrisa, de contemplación y presencia, de ciclos completos, si, pero ciclos de amor y cuidados, de admiración, humildad y libertad.
Lo único que echo de menos es que vengan más pájaros a visitarla, pero las dos gatas que tengo (aunque intento que no merodeen por la huerta, que ya han hecho algún desastre que otro) y la de mi vecina, que también tiene otra gatita, impiden que sean muy frecuentes sus visitas, aunque les pongo comida y agua, vienen muy poquitos... con lo que amo a los seres alados!! pero bueno, ya vendrán, si no en esta urbana, será en la que tendré algún día cuando viva en el campo, si el universo se ofrece cómplice con mi anhelo interno de vivir y generar un bello proyecto en naturaleza, un espacio de Tierra Álmica😉
Mi huerta es un espacio regazo para mi Alma donde aprendo a crear poemas 💗💗


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