SOY ELLA
Llamé a la puerta.
Y me preguntaron: ¿Quién es?
Contesté: Soy yo.
La puerta no se abrió.
Llamé de nuevo a la puerta.
Otra vez la misma pregunta: ¿Quién es?
Contesté: Soy yo.
Y la puerta no se abrió.
Otra vez llamé.
Y de nuevo me preguntaron: ¿Quién es?
Contesté: Soy tú.
Y la puerta se abrió.
Otra vez la misma pregunta: ¿Quién es?
Contesté: Soy yo.
Y la puerta no se abrió.
Otra vez llamé.
Y de nuevo me preguntaron: ¿Quién es?
Contesté: Soy tú.
Y la puerta se abrió.
Me gusta imaginar que aún hay otra respuesta que abre la puerta: «Soy Ella». Es decir, la esencia del yo, del tú, de todos, del todo, la que no tiene rostro ni forma. La que nos iguala y aúna. San Agustín lo formula con exquisita belleza y sobriedad en términos de la mística cristiana cuando dice «Dios es más yo que yo mismo».
Joan Garriga

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