domingo, 10 de mayo de 2020

Mujer poema inspirando el vuelo del alma








Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de mis inviernos y
veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento
navegante.

No se ha educado aún mi
corazón
y, niña, tiemblo en los 
atardeceres,
me deslumbran el verde, las 
marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi
húmedo vientre,
cuando todo es más suave 
y luminoso.

Crezco y no aprendo a
crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta
en velos,
descreída de todo,
lamentando su suerte
No.
Con cada día, se me nacen
los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero
construyendo,
la mujer vendedora con su
ramo de hijos,
los niños alegres
marchando hacia el colegio.

Si,
Es verdad que a ratos estoy
triste
y salgo a los caminos,
suelta con mi pelo,
y lloro por las cosas más 
dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que
se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más
arriba,
dándole caza al aire,
gozandome en el ser que 
me sustenta,
en la eterna marea de flujos
y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros
redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

Gioconda Belli

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