Es domingo, en casa todavía duermen, aún siento esa calma especial que mora en cada domingo, estamos confinados en casa ya una semana, pero el domingo todavía tiene para mi ese sabor a paz, a calma, a quietud y sonrisa.
Salgo a el patio y visito el pequeño huerto urbano que llevo cultivando desde hace meses, hace dos años que no tengo huerto silvestre y mi necesitad es de contacto con la tierra, siento que ella nos cuida y sana, y no nosotrxs a ella, como a menudo creemos. Me quedo por unos instantes en la delicia de la gota que se quedó, (después de la lluvia de anoche), en la hoja del brote de la planta de guisante, decia el Tamud "cada brizna de hierba tiene su ángel que se inclina sobre ella y le susurra: ¡crece, crece!". Desde la simplicidad de esa mirada a la gota de lluvia, me ha conectado profundamente con el cosmos y un sentimiento de infinitud que acariciaba en mi interior.
Al rato me decido ir a ver el whatssap, sobre todo para enviar el aviso y aliento a la sangha de meditación, para conectarnos en unos min en ese espacio virtual.
Son cientos de mensajes, artículos, información, desinformación, montones de estímulos que nos llegan cada día a nuestros móviles, a las redes sociales.... en estos momentos es de importancia saber filtrar aquello que llega, saber de vez en cuando volver al silencio, silenciar móviles, hacer ayuno de redes, de información externa y conectar con la información interna de cada unx, volver a la escucha dentro, a la presencia dentro, para poder recibir otros mensajes, otras frecuencias, volver a nuestro corazón como brújula que nos invite a ver más allá de los miedos, de la incertidumbre, del malestar general que se puede palpar a nivel global.
En estos días me han enviado un montón de propuestas, de vídeos, de meditaciones, de oraciones, de cantos... muchas propuestas interesantes y cercanas al corazón, de compañerxs, maestrxs, y muchas personas que ponen luz en este planeta, pero decidí poner energía en un solo elemento y centrar la energía en él.
Desde que se impuso el estado de excepción, las clases cesaron, de hecho yo ya no pude impartir la clase que ofrezco en Montealegre, de ese jueves 12 de Marzo, y seguidamente todas las demás clases de la UP de Almansa, y la consulta en la herboristería también cesó hasta que no volvamos a salir de las casas. Así que como tenemos grupo de whatssap los seis grupos de yoga y meditación mindfulness, les propuse juntarnos como sangha para meditar juntxs cada día a las 9 h de la mañana, porque en estos tiempos de tanta agitación, emociones difícil de transitar y la mente constantemente recibiendo y generando imágenes, ideas y pensamientos, necesitamos calmar, crear espacio y sosiego en nuestras mentes y nuestros corazones, conectar con el amor y la compasión e impregnarnos de esta energía y expandirla afuera, al mundo, a quien sufre: "Es a través de conectar con otros, hacer algo significativo por ellos y traer alegría a su vidas que hacemos que nuestras propias vidas importen y les demos valor y propósito". Thupten Jinpa, PhD. Compasión entendida como acompañar al otro en su sufrimiento.
Está siendo una experiencia enriquecedora para todxs, nos sentimos unidxs desde el amor y aunque el miedo cabalga a veces en nuestras mente, al hacer la práctica constante y regular, podemos relacionarnos desde otro lugar con esos miedos, y esto es importante para seguir caminando la experiencia que estamos viviendo, con más sosiego y más claridad. Además se han unido a esta práctica personas de Montealgre, de Guipuzcoa, Alicante, Elche de la Sierra y otras personas de aquí de Almansa que no pertenecen a ningún grupo pero sentían que querían unirse.
Es hermosa esta conexión que creamos a través de la atención plena y la respiración, desde un espacio de calma y presencia, nos conectamos con el corazón, llevando la atención a la resonancia que provoca la pulsación, las ondas que nacen en el núcleo de la respiración, llenándonos de luz con cada respiración y conectándonos con lo que nos rodea.
Cada día hacemos una práctica juntxs, cada día me reúno con esta familia a las 9 h conectada a mi corazón y a la red etérica, sin olvidar a lo largo del día la práctica de casa y habitantes de ella, si, sin olvidar la importante práctica de compartir el espacio comunitario 24 h con mis hijos, donde hay tiempo para todo, para reírnos, para los desencuentros, para estudiar y hacer tareas, para cocinar, jugar, mirar redes y whatssepear, contar cuentos, leer, pintar, para cansarnos de nosotrxs mismxs y del confinamiento, par salir a comprar el pan sintiendo esa distancia obligada con lxs demás, y como si cometiéramos un sacrilegio al salir a la calle a comprar lo básico. Cada día salimos al balcón, (a veces a la puerta), a las 20 h para aplaudir y sacar la luz de la linterna como símbolo, sintiendo la alegría de unirnos a más personas del vecindario en esta intención, pero a la vez desazón de que nosotrxs aplaudimos desde el balcón dejando la carga y tensión a los receptores de esos aplausos.
Tenemos tiempo también para practicar hasta yoga juntxs, y me alegra ver que las semillas sembradas no se pierden, solo que germinan cuando es su tiempo, en el Ser nada se pierde. Todo es un aprendizaje, aceptarnos y amarnos tal cual somos, con todas nuestras partes, hablo primero de mi, y también de ese aprendizaje con ellxs.
Todxs intuíamos que no podíamos caminar más trecho con las alpargatas que calzábamos; el capitalismo como antorcha, la manera de producir alimentos, envenenados, envenenando así también la tierra, los ríos, el aire, introduciendo la codicia en las entrañas del mundo, sin respetar la vida, teniendo como cuota la indiferencia y el poco cuidado hacia nosotrxs y hacia todo, hacia el verdadero significado de los valores que nos construyen y hacen de la vida un lugar seguro, confiable, cercano, amoroso.
Quizás nos estén ofreciendo una oportunidad para volver a nuestra casa, a la del corazón, quizás se esté dando una oportunidad para hacerlo mejor, quizás a un precio alto.
Siempre he sentido una gran empatía y unión a los seres que sufren en esta existencia, ante la injusticia, ante el dolor, algo que me conmueve enormemente estos días es el saber que muchos seres están dejando este mundo sin nadie que les acompañe en este tránsito, sin nadie que les de la mano, sin nadie que les escuche, y el dolor de sus familiares de no poder acompañarlos, cada vez que pongo presencia en el corazón, les envío paz, luz, conciencia, amor, con la esperanza que les pueda abrazar en lo profundo de sus corazones, en esa ausencia de la ternura y cercanía del contacto.
Hoy recordaba esta frase de Thay, y que me ayuda para poder comprender mejor ese sufrimiento y este momento de transformación planetaria.
"Tenemos que aprender a ver en la aparente muerte de la semilla su transformación en planta"
Por aquí andaré compartiendo todo aquello que de alguna manera u otra me conmueva, me despierte, me enseñe o me nutra allá en lo profundo de mi corazón. Sed bienvenidxs a él
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Me ha gustado.
ResponderEliminarGracias Toni, espero que estéis bien viviendo este movimiento de transformación planetaria, abrazos!!
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