Fragancia de semillas en la tierra
Experimentar la naturaleza nos lleva a valorar la singularidad y la diversidad de todas las formas vivas, a venerar y salvaguardar la existencia.
Con una mirada profunda, atenta y constante podemos diluir esa relación objeto y sujeto, y volvemos a sentirnos en esa unión con la tierra, sin separación, reconociendo esa tierra en nosotrxs, aumentando la empatía con todo lo vive, con ese principio general de interdependencia, creando una conexión de nobles valores que también existen en nosotrxs.
Abriendo un entendimiento, una reflexión y comprensión de que tenemos un destino compartido.
Cuando escucho a alguien decir que somos la especie más destructora de este planeta y que sobramos, me entristece mucho, es como una mirada muy limitada de lo que puede lograr a crear el ser humano, no somos el vértice de la pirámide, claro que no, somos parte de lo mismo y dentro de nostroxs mora una capacidad tremenda de conciencia y amor, de creatividad y de cooperación con todo, hasta con lo inevitable. Somos tierra, y es lo primero que hemos olvidado, a cuidar de nuestra tierra, ¿como entonces queremos que se cuide enérgicamente el planeta tierra? si no hemos aprendido a honrarnos como tal? El cultivo empieza de dentro hacia afuera. Y si, tenemos la capacidad para destruir, destruirnos, pero también la de regenerar, crear vida y cultivar hermosas semillas.
Somos pequeñas semillas que pueden generar un precioso bosque!
Me gusta ir, siempre que puedo, a transitar por el Camino de Santiago, camino una semana, 10 días o lo que pueda permitirme por cuestiones de tiempo u otras circunstancias, el año pasado me dije que la siguiente vez que volviera a el camino, llevaría en mi mochila bolitas de dnendo dango con flores, quien no sepa que es, ( se hacen con arcilla, materia órganica, compost, agua y semillas; de árboles, arbustos, flores...), (yo les pongo también humus de las lombrices que viven en casa, y es oro puro), el inventor de esta técnica fué Massonobu Fukuoka, padre de la agricultura natural. Se hace una mezcla con todo y se forman pequeñas bolitas, se dejan secar, la intención es esparcirlas para reforestar los espacios, permitiendo así que la capa de arcilla que recubren las semillas se vaya deshaciendo poco a poco con las lluvias para germinar y no se conviertan en alimento para roedores, pájaros y otros animales.
Ayer estuvimos haciendo en casa Dnendo Dango, con semillas de flores, girasol, tagetes, caléndula, lobularias y otras...
En estos días de confinamiento tenemos más tiempo para hacer diferentes actividades, y ayer tocó experimentos con el barro 😉, me gustaría llevarlas a la próxima andada en el Camino, para poder ofrecer a la tierra muchas de las fragancias que ella nos brinda, ayudar a las abejas en estos momentos donde su especie está en un declive vertiginoso, generar más biodiversidad y poder contribuir con la belleza que recibo de la naturaleza y también de cuando hago el Camino de Santiago, con esa esencia de amor, de conciencia, de alegría, de paz y unión que hay impregnada en cada sendero, donde lo más importante no es tu credo, sino la verdad de tu corazón.
Ayer nos salieron unas 112 bolitas en la primera remesa que hicimos, el propósito es hacer alguna más...
Y ya vendrá el día en que nuestros pasos sean más libres, se ponga todo en el lugar donde corresponde y se pueda realizar esta labor como regalo y agradecimiento a la Madre.
💗
ESA SEMILLA QUE CREES ÍNFIMA, CONTIENE UN ÁRBOL QUE CONTIENE UN BOSQUE
(Alejandro Jodorowsky)



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