sábado, 11 de abril de 2020

La Medicina del árbol



La Medicina del árbol




Me levanté con la necesidad de la medicina del árbol, la medicina de los bosques, la medicina del latido de la tierra.
Ya voy echando de menos estar en contacto con los bosques, con los árboles, sostenida por la tierra y el reino de los pequeños seres que viven entre la hojarasca, entre la hierba, en las piedras, entre la frondosidad del terreno.

Hay árboles medicina, árboles singulares, ancianos que ofrendan a la vida su sabiduría y su grandeza.
En los Pozuelos, un paraje cerca de Almansa, donde vivo, hay encinas centenarias, pero hay una en especial que posee un gran corazón en su tronco. Suelo pasear a menudo por allí a visitar a esta vieja amiga, me recibe, nos recibimos, nos escuchamos, nos sentimos, nos abrazamos, y su medicina calma mis tormentos, ella me recuerda respirar con la naturaleza, con la pulsación de la tierra, para volver a mis propios latidos y percibir de nuevo la unión con la vida, sin resistencias, con entrega a ese silencio que acontece, me recuerda que la vida es un regalo, a honrar a los ancestros como parte del alma de la existencia, a ver el brillo de la magia del mundo vegetal y animal, a comprender el barro desde mi raíz y a la luz desde la mirada, generando así un respeto profundo ante lo sagrado de la vida entre ambas.
...Y su medicina corazón me va acariciando, me va reconfortando, va recomponiendo aquellas partes separadas en mi.

Este es un poema que me ha acompañado durando años, y hoy me apetece rescatarlo, medicina poema:

Detente. Los árboles frente a ti y los arbustos a tu lado
no están perdidos. El lugar donde estás se llama Aquí.
Y debes tratarlo como a un poderoso desconocido,
debes pedir permiso para conocerlo y ser conocido.
El bosque respira. Escucha. Te responde,
he creado este lugar a tu alrededor,
si te vas, puedes regresar diciendo Aquí.
No hay dos árboles iguales para el cuervo.
No hay dos ramas iguales para el gorrión.
Si el valor de un árbol o un arbusto se pierde en ti,
sin duda estás perdido. Detente. El bosque sabe
dónde estás. Déjale que te encuentre.

(David R. Wagoner)

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